Oigo tu luna mientras la noche se transforma en un trinar,
florece en mi un anhelo, desespera mi sueño por ser parte del tuyo.
La sonrisa del triste amanecer acecha, cuenta historias interminables,
cubre su boca con quejas lastimeras. La noche llega a su sepulcro.
En el río innegable de una canción se quedó tu retrato, sombrío y único.
Mi corazón guardó un destino indeleble, vagabundo...
Ahora le doy crédito a la locura, al delírio y la esperanza,
a un camino forjado con lágrimas y ocasos.
Y te extraño... aunque busque sollozos y pena.
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